Técnica de ataque: totalitarismo
paranoico
Sólo existe una manera de ser periodista
en Corea del Norte: hacer propaganda de los méritos del partido, del ejército
y, sobre todo, del “Líder Supremo”. La indulgencia con los periodistas no forma
parte de las costumbres norcoreanas. Un paso en falso y llega la implacable
sanción. Por ejemplo, por cometer una falta de ortografía en el nombre de Kim
Jong-il, un periodista pasó tres meses en un campo de reeducación.
Corea del
Norte está herméticamente cerrada a toda información que proceda del exterior.
Nadie tiene acceso a Internet y los medios de comunicación extranjeros están
prohibidos en el país, a pesar de que desde hace algunos años agencias de
prensa internacionales como Associated Press y, desde hace poco, la Agencia
France-Presse, se encuentran oficialmente presentes en Pyongyang. Es muy raro
que las autoridades otorguen visados a la prensa extranjera y esto sólo ocurre
durante manifestaciones culturales o visitas de dirigentes extranjeros. Una vez
que se encuentran en el país, los reporteros son vigilados muy de cerca por
oficiales que les impiden comunicarse con la población.
Los norcoreanos viven
con terror, ya que pueden ser enviados a campos de concentración por el sólo
hecho de haber escuchado una radio extranjera.
Trofeos de caza: ausencia total de
medios de comunicación independientes
Los pocos periodistas extranjeros que han
podido trabajar en Corea del Norte lo han hecho corriendo riesgos y
exponiéndose a peligros:
·
El 9 de mayo de 2016, el británico Rupert Wingfield-Hayes, periodista de la
BBC, fue detenido y expulsado por haber “atacado al sistema de la República
Popular Democrática de Corea (RPDC)” y haber practicado un “periodismo no
objetivo”.
·
Euna Lee y Laura Ling, dos periodistas estadounidenses, fueron condenadas a
12 años de trabajos forzados en junio de 2009. Dos meses más tarde fueron
puestas en libertad.
·
Actualmente hay dos periodistas norcoreanos encarcelados: Song Keum Chul,
de la televisión norcoreana, desde el 30 de noviembre de 1995, y
Kim Sing Chul, desde el 30 de septiembre de 2016.
Discurso oficial: la única verdad es la
del líder Kim Jong-un
“La libertad de pensamiento en un eslogan
hipócrita con el que se busca la supresión de ideas progresistas y la expansión
de ideas reaccionarias de la burguesía” (comunicado de la agencia de prensa
norcoreana).
Puntuación:
Desde 2007, Corea del Norte ya no ocupa el
último lugar en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa
de RSF. En el ránking de 2016, está en la posición 179, entre 180 países. Este
triste título se lo arrebató Eritrea, que instauró en el Cuerno de África un
régimen tan liberticida como el establecido por Pyongyang.

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