Palabras del piloto Byrd al penetrar en uno de los Polos.
El vicealmirante Richard E. Byrd de la US Navy fue un distinguido
aviador y pionero en la exploración polar. Sobrevoló el Polo Norte el 9
de mayo de 1926 y dirigió numerosas expediciones a la Antártida,
incluyendo un vuelo sobre el Polo Sur el 29 de noviembre de 1929.
En 1947 se encontraba sobrevolando el
Polo Norte en una de sus exploraciones, cuando al llegar en pleno
corazón del Ártico se vio envuelto en un extraño suceso. La misión que
estaba realizando debió ser clasificada de alto secreto, ya que
oficialmente se suponía que en ese momento se encontraba en la Antártida
llevando a cabo la “Operación Highjump” para la US Navy. (1946-1947).
Durante su cuarta expedición escribió
sus experiencias en su valioso diario de a bordo. A continuación
expondremos algunos fragmentos realmente conmovedores y fascinantes en
los que entró en contacto con civilizaciones superiores del centro de la
Tierra.
DIARIO SECRETO DEL ALMIRANTE BYRD
“Debo
escribir este diario en absoluto secreto. Este diario refiere a mi
vuelo Ártico del 19 de febrero del año 1947. Vendrá un tiempo en el que
la racionalidad de los hombres deberá disolverse en la nada y entonces
se deberá aceptar la inevitabilidad de la Verdad. Yo no tengo la
libertad de divulgar la documentación que sigue, quizás nunca verá la
luz, pero debo, de cualquier forma, hacer mi deber y relatarla aquí con
la esperanza de que un día todos puedan leerla, en un mundo en el que el
egoísmo y la avidez de ciertos hombres ya no podrán suprimir la
Verdad”.
…”Extensiones
de hielo y nieve bajo nosotros, vistas coloraciones amarillentas con
dibujos lineales. Alterada la ruta para un mejor examen de estas
configuraciones coloreadas, también vistas coloraciones violáceas y
rosadas”. “Tanto la brújula magnética como la aguja giroscópica
comienzan a girar y a oscilar, no nos es posible mantener nuestra ruta
con los instrumentos. Señalamos la dirección con la brújula solar, todo
parece aún en orden. Los controles parecen lentos en la respuesta y en
el funcionamiento, pero no hay indicación de congelamiento”.
…”29 minutos de vuelo transcurridos
desde el primer avistamiento de los montes, no se trata de una
alucinación. Es una pequeña cadena de montañas que nunca habíamos visto
antes”.
…”Además de las montañas hay algo que
parece ser un valle con un pequeño río o riachuelo que discurre hacía la
parte central. ¡No debería haber ningún valle verde aquí abajo!. ¡Hay
algo decididamente extraño y anormal aquí! ¡Deberíamos sobrevolar sólo
hielo y nieve! A la izquierda hay grandes bosques en las laderas de los
montes. Nuestros instrumentos de navegación todavía giran como
enloquecidos”.
…”Altero
la altitud a 1400 pies y efectúo un giro completo a izquierda para
examinar mejor el valle que está debajo. Es verde con musgo y la hierba
muy tupida. La luz aquí parece diferente. No soy capaz de ver el Sol.
Damos otro giro a la izquierda y avistamos algo que parece ser algún
tipo de gran animal. ¡Se parece a un elefante! ¡¡¡NO!!!. ¡Parece ser un
mamut!. ¡Es increíble! ¡Sin embargo es así!. Descendemos a cota 1000
pies y uso un prismático para examinar mejor al animal. Está confirmado,
se trata de un animal semejante al mamut”.
…”Encontramos otras colinas verdes. El
indicador de la temperatura exterior marca 24º centígrados. Ahora
seguimos sobre nuestra ruta. Los instrumentos a bordo, ahora parecen
normales. Quedo perplejo ante sus reacciones. Intento contactar el campo
base. La radio no funciona”.
…”El paisaje circundante parece nivelado
y normal. Delante de nosotros avistamos aquello que parece ser ¡¡¡una
ciudad!!!. ¡Es imposible!. El avión parece ligero y extrañamente
flotante. ¡Los controles se niegan a responder!. ¡Dios mío!. A nuestra
derecha y a nuestra izquierda hay aparatos de extraño tipo. Se aproximan
y algo irradia de ellos. Ahora están bastante cerca para ver sus
insignias. Es un símbolo extraño. ¿Dónde estamos?. ¿Qué ha sucedido?.
Otra vez tiro decididamente de los mandos. ¡No responden! Estamos
atrapados firmemente por una especie de invisible cepo de acero”.

…”¡Nuestra radio grazna y llega una voz
que habla en ingles con acento que parece decididamente nórdico o
alemán! El mensaje es: – Bienvenido a nuestro territorio, Almirante. Los
haremos aterrizar exactamente dentro de siete minutos. Relájese,
Almirante, está en buenas manos -. Me doy cuenta de que los motores de
nuestro avión están apagados. El aparato está bajo un extraño control y
ahora funciona sólo”.
…”Recibimos otro mensaje de radio.
Estamos iniciando la maniobra de aterrizaje y en breve el avión vibra
ligeramente comenzando a descender como sostenido por un enorme e
invisible ascensor”.
…”Algunos hombres se están aproximando a
pie al avión. Son altos y tienen el pelo rubio. A lo lejos hay una gran
ciudad desteallante, vibrante con los colores del arco iris. No sé lo
que sucederá ahora, pero no veo trazas de armas sobre los que se
aproximan. Ahora oigo una voz que me ordena, llamándome por mi nombre,
de abrir la puerta. Ejecuto”.
…”De
este punto en adelante escribo los acontecimientos que siguen,
volviéndolos a llamar a la memoria. Esto asienta la imaginación y
parecería una locura sino hubiese acaecido verdaderamente.
El técnico y yo fuimos sacados del avión
y acogidos cordialmente. Luego fuimos embarcados sobre un pequeño medio
de transporte semejante a una plataforma pero sin ruedas. Nos condujo
hacia la ciudad destellante con extrema celeridad. Mientras nos
aproximábamos, la ciudad parecía hecha de cristal. Alcanzamos en poco
tiempo un gran edificio, de un estilo que nunca antes había visto.
¡Parecía haber salido de los diseños de Frank Lloyd Wright, o quizás más
precisamente de una escena de Buck Rogers!
Nos ofrecieron un tipo de bebida
caliente de algo que nunca había saboreado. Era deliciosa. Después de
unos 10 minutos, dos de nuestros sorprendentes anfitriones vinieron a
nuestro alojamiento, invitándome a seguirlos. No tenía otra elección que
obedecer. Dejé a mi técnico de radio y caminamos un poco hasta entrar
en aquello que parecía ser un ascensor. Descendimos durante unos
instantes, el ascensor se paró y la puerta se deslizó hacia arriba
silenciosamente. Proseguimos luego por un largo corredor iluminado por
una luz rosa que parecía emanar de las mismas paredes.
Uno de los seres hizo señal de pararnos
ante una gran puerta. Encima de esta había una inscripción que yo no
estaba en grado de leer. La gran puerta se deslizó sin ruido y fui
invitado a entrar. Uno de los anfitriones dijo: – No tenga miedo,
Almirante, vas a tener un coloquio con el Maestro. – Entré y mis ojos se
adecuaron lentamente a la maravillosa coloración que parecía llenar
completamente la estancia.
Entonces comencé a ver aquello que me
rodeaba. Aquello que se mostró a mis ojos era la vista más sorprendente
de toda mi vida. En efecto, era demasiado magnífica para poder ser
descrita. Era deliciosa. No creo que existan términos humanos capaces de
describirla, en cada detalle, con justicia. Mis pensamientos fueron
interrumpidos dulcemente por una voz cálida y melodiosa: “Le doy la
bienvenida a nuestro territorio, Almirante”.
Vi un hombre de facciones delicadas y
con las señales de la edad sobre su rostro. Estaba sentado en una mesa
grande. Me invitó a sentarme en una de las sillas. Después de sentarme,
unió la punta de sus dedos y sonrió. Habló de nuevo dulcemente y dijo
cuanto sigue: – Lo hemos dejado entrar aquí porque usted es de carácter
noble y bien conocido en el mundo de superficie, Almirante-. ¡Mundo de
superficie! ¡Casi me quedé sin aliento!
“Sí. –
recalcó el Maestro con una sonrisa – Usted se encuentra en el territorio
de los Arianos, el Mundo sumergido de la Tierra. No retardaremos mucho
su misión y serán acompañados de vuelta sobre la superficie y además sin
peligro. Pero ahora, Almirante, le diré el motivo de su convocación
aquí. Nuestro interés comenzó exactamente inmediatamente después de la
explosión de la primera bomba atómica por parte de su raza sobre
Hiroshima y Nagashaki, en Japón. Fue en aquel momento inquietante cuando
expedimos sobre sy mundo de superficie nuestros medios voladores.
Los Flugelrads, para investigar sobre
aquello que la raza humana había hecho. Esta es, obviamente, historia
pasada, Almirante, pero permítame seguir. Vea, nosotros nunca antes
habíamos interferido en las guerras y en la barbarie de la raza humana,
pero ahora debemos hacerlo en cuanto ustedes han aprendido a manipular
un tipo de energía, la atómica, que no está hecha para el hombre.
Nuestros emisarios ya han entregado mensajes a las potencias del mundo
humano y sin embargo estas no los atienden.
Ahora usted ha sido elegido para ser
testigo de que nuestro mundo existe. Vea, nuestra cultura y nuestra
ciencia están miles de años por delante de la suya, Almirante”. Lo
interrumpí: “¡Pero todo esto que tiene que ver conmigo, Señor!”. Los
ojos del Maestro parecían penetrar de forma profunda en mi mente y
después de haberme estudiado un momento, contestó: “La raza humana ha
alcanzado el punto de no retorno, porque hay algunos entre ustedes, que
destruirían todo nuestro mundo antes que renunciar al poder, así como lo
conocen…”.
Asentí y el Maestro continuó: “Desde
1945 en adelante, hemos intentado entrar en contacto con la raza humana
pero nuestros esfuerzos han sido acogidos con hostilidad: se hizo fuego
contra nuestro Flugelrads. Hasta fueron seguidos con maldad y animosidad
por sus aviones de combate. Así ahora, hijo mío, le digo que hay una
gran tempestad en el horizonte para su mundo, una furia negra que no se
extinguirá durante varios años. No habrá defensa con sus armas, no habrá
seguridad en su ciencia. Asolará hasta que cada flor de su cultura haya
sido pisoteada y todas las cosas humanas sean dispersadas en el caos.
La reciente guerra ha sido solamente un preludio a cuanto todavía debe
advenir a la raza humana.
Nosotros,
aquí podemos verlo más claramente a cada hora… ¿Cree que me equivoco?”
“No – contesté – ya ha sucedido una vez en el pasado; llegaron los años
oscuros y duraron 500 años”. “¡Sí, hijo mío – replicó el Maestro – los
años oscuros que llegarán ahora para la raza humana, cubrirán la Tierra
con un paño mortuorio, pero creo que alguno entre ustedes sobrevivirá a
la tempestad, más que esto no sé!. Nosotros vemos en un futuro lejano
emerger de nuevo de las ruinas de vuestra raza, un mundo nuevo en busca
de sus legendarios tesoros perdidos y estos estarán aquí, hijo mío,
estarán seguros en nuestro poder. Cuando llegue el momento apareceremos
para ayudar a vivir su cultura y a su raza.
Quizás, para entonces, hayan aprendido
la futilidad de la guerra y de su lucha… y después de aquel momento una
parte de su cultura y ciencia les serán restituidas para que tu raza
pueda recomenzar. Usted, hijo mío, debe volver al Mundo de la Superficie
con este mensaje…”.
Con estas palabras decisivas, nuestro
encuentro parecía llegar a término. Por un momento me pareció vivir un
sueño… y, sin embargo sabía que aquella era la realidad y por alguna
extraña razón me incliné levemente, no sé si por respeto o humildad. De
improvisto me di cuenta de que los dos fantásticos anfitriones que me
habían conducido aquí, estaban de nuevo a mi lado. “Por aquí,
Almirante”, me indicó uno de Ellos.
Me giré una vez más antes de salir y
miré al Maestro. Una dulce sonrisa estaba impresa en su anciano y
delicado rostro. “Adiós, hijo mío”, me dijo e hizo un gesto suave con su
frágil mano, un gesto de paz y nuestro encuentro llegó definitivamente a
su fin. Salimos rápidamente de la estancia del Maestro por la gran
puerta y entramos otra vez en el ascensor. La puerta descendió
silenciosamente y nos movimos inmediatamente hacía lo alto.
Uno de mis anfitriones habló de nuevo: “Ahora debemos apresurarnos, Almirante, el Maestro no desea retardar más su programa previsto y deben volver a su raza con su mensaje”. No dije nada, todo esto era casi inconcebible y, una vez más mis pensamientos se interrumpieron apenas nos paramos. Entré en la estancia y estuve de nuevo con mi técnico de radio. Tenía una expresión ansiosa sobre su rostro. Acercándome dije: “Todo esta bien, Howie, todo esta bien”.
Los dos seres nos señalaron el medio en
espera, salimos y pronto alcanzamos nuestro avión. Los motores estaban
al mínimo y nos embarcamos inmediatamente. La atmósfera estaba cargada
de un cierto aire de urgencia.
Cuando la puerta estuvo cerrada, el
avión fue inmediatamente transportado a lo alto por aquella fuerza
invisible hasta que alcanzamos los 2.700 pies. Dos de los medios aéreos
estaban a nuestros flancos a una cierta distancia, haciéndonos planear a
lo largo de la vía del retorno. Debo remarcar que el indicador de
velocidad no indicaba nada, sin embargo nos estábamos moviendo muy
rápidamente.
…Recibimos un mensaje de radio: “Ahora
os dejamos, Almirante, vuestros controles están libres.
¡¡¡Wiedersehen!!! Miramos por un instante los Flugelrads, hasta que
desaparecieron en el cielo azul pálido. El avión pareció de improviso
capturado por una corriente ascensional. Tomamos inmediatamente el
control. No hablamos durante un rato, cada uno de nosotros estaba
inmerso en sus propios pensamientos.
…Sobrevolamos
nuevamente extensiones de cielo y nieve, a unos 27 minutos del campo
base. Enviamos un mensaje de radio, nos contestan. Tenemos condiciones
normales… normales. Del campo base expresan alivio por haber establecido
nuevamente el contacto.
…Aterrizamos suavemente en el campo base. Tengo una misión que cumplir.
…11 de marzo de 1947. He tenido, apenas,
un encuentro de Estado Mayor en el Pentágono. He relatado enteramente
mi descubrimiento y el mensaje del Maestro. Todo ha sido debidamente
registrado. El Presidente ha sido puesto al corriente. Me retienen
algunas horas (exactamente 6 horas y 39 minutos). Soy cuidadosamente
interrogado por las Top Security Forces y por un equipo médico. ¡¡¡Es un
tormento!!!. Me ponen bajo estrecho control de los medios de Seguridad
Nacional de los Estados Unidos de América. Me recuerdan que soy un
militar y que, por consiguiente, debo obedecer las ordenes.
…Última anotación: 30 de diciembre de
1956. Estos últimos años transcurridos desde el 1947 hasta hoy, no han
sido buenos… He aquí, pues, mi última anotación en este singular diario.
Concluyendo, debo afirmar que debidamente he mantenido secreto este
argumento como se me ordenó, durante todos estos años. He hecho esto
contra todo principio mío de integridad moral. Ahora siento aproximarse
la gran noche y este secreto no morirá conmigo, sino como toda verdad,
triunfará.
Esta es la única esperanza para el
género humano. ¡He visto la verdad y esta ha revigorizado mi espíritu
donándome la libertad! He hecho mi deber con relación al monstruoso
complejo industrial militar. Ahora la larga noche comienza a
aproximarse, pero habrá un epílogo. Como la larga noche del Antártico
termina, así el sol brillante de la verdad surgirá de nuevo y aquellos
que pertenecen a las tinieblas perecerán a su luz…
Porque yo he visto “Aquella Tierra más allá del Polo, aquel Centro del Gran Desconocido”.

Aquí termina el sorprendente relato del
Almirante Byrd. Mucha gente recuerda todavía las emocionantes
declaraciones en la prensa después de las expediciones de Byrd,
declarando el descubrimiento de nuevas tierras.
Luego tales declaraciones se
desvanecieron rápidamente. Los medios de comunicación dejaron de hablar
de Byrd y su tierra de maravillas, y la gente se olvidó de él. ¿Por que
sucedió esto? ¿Descubrió realmente Byrd una civilización más avanzada
que la nuestra en el interior del planeta?
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