jueves, 20 de julio de 2017

LOS ÁNGELES CELESTIALES DE EGIPTO


De un modo común y equivocado, se popularizó que los egipcios tenían un confuso sistema religioso, ¡con un número indefinido de dioses y diosas!
En realidad, los llamados “dioses y diosas” de Egipto, así como sus funciones, fueron adoptados por la Biblia y renombrados como “ángeles”. La canción de Moisés en el Deuteronomio (32:43), encontrada en una cueva de Qumrán cerca del Mar Muerto, menciona la palabra dioses en plural:
“Alégrense con él, oh cielos, y que lo adoren todos los dioses”
Cuando se cita este pasaje en el Nuevo Testamento (Hebreos 1:6), la palabra dioses es sustituida por
“ángeles de Dios”.

 MONOTEÍSMO Y POLITEÍSMO

Cuando preguntamos “¿quién es Dios?”, estamos preguntando en realidad “¿qué es Dios?”. El mero nombre o sustantivo no nos dice nada. Sólo se puede definir a “Dios” a través del conjunto de “sus” múltiples atributos, cualidades, facultades y/o acciones. Conocer a “Dios” es conocer las numerosas cualidades de “Dios”. Cuanto más aprendemos sobre estas cualidades (conocidas como neteru), más nos estamos acercando a nuestro origen divino.

Lejos de ser una forma primitiva y politeísta, esta es la más alta expresión de la mística monoteísta.
Los egipcios consideraban al universo como un acto consciente de la creación del Único Gran Dios. La doctrina fundamental era la unidad de la Deidad. Este Dios Único nunca fue representado. No obstante, sus funciones y los atributos de sus dominios sí fueron representados.

Una vez que se hizo referencia a sus funciones y atributos, se convirtió en un ente distinguible, revelando su particular función y su influencia en el mundo. Sus diversas funciones y atributos como el Creador, el Sanador y similares, fueron llamadas neteru (en singular, neter en la forma masculina y netert en la forma femenina). Como tal, un neter o netert egipcio no era un dios o una diosa, sino la representación de una función y/o atributo de un Único Dios.

Los neteru, que fueron llamados “dioses” por algunos, fueron aceptados e incorporados al cristianismo bajo un nuevo nombre, “ángeles”.

 Neteru—The Divine Energies

Los textos egipcios mencionan que cuando surgió el Maestro del universo, toda la creación surgió. Dichos textos ponen énfasis a que el Único Completo lo contiene todo. En un texto del Antiguo Egipto se lee:
“Soy de muchos nombres y de muchas formas, y mi Ser existe en todos los neter”.

La energía divina que se manifiesta en el ciclo de la creación se define por los elementos energéticos que la constituyen, y que fueron llamados neteru por los antiguos egipcios. Los NeTeRu son las fuerzas de la NaTuRaleza.

La palabra egipcia neter, naturaleza o netjer significa un poder que es capaz de generar la vida y de mantenerla una vez generada. Como todas las etapas de la creación pasan por el ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, lo mismo sucede a las energías implicadas durante las etapas de este ciclo. Es por esto que los neteru de los antiguos egipcios, al ser energías divinas, pasaron y siguen pasando por el mismo ciclo de nacimiento, crecimiento, muerte y renacimiento. Tal comprensión era generalizada, de lo cual Plutarco se percató, de que la multitud de fuerzas de la naturaleza conocidas como neteru se crean, están sometidas a continuos cambios, crecen, mueren y renacen.

Podemos poner el ejemplo de la oruga que nace, vive, construye su propio capullo donde muere o mejor aún, se transforma en una mariposa, que pone sus huevos, y así sucesivamente. Lo que tenemos aquí es la cíclica transformación de una forma o estado de energía a otro.

Otro ejemplo es el ciclo del agua, que se evapora formando nubes que precipitan de vuelta a la tierra. Es todo una transformación cíclica ordenada de las energías en diversas formas: la muerte de un estado y el renacimiento de otro.

Cuando se piensa en neteru, no como “dioses y diosas” sino como fuerzas de la energía cósmica, se puede ver el sistema del Antiguo Egipto como una brillante representación del universo.

Filosóficamente, esta transformación natural cíclica se puede aplicar a nuestro dicho:
“Cuanto más cambian las cosas, más permanecen iguales”.

En los círculos científicos, esto se conoce como la ley natural de conservación de la energía, que se describe como: el principio de que la energía nunca se consume sino que sólo cambia de forma, y de que la energía total en un sistema físico como el universo no puede ser aumentada ni disminuida.

 UNA CUESTIÓN DE ENERGÍAS

Los egipcios antiguos y baladís no hacían y no hacen distinción entre un estado metafísico del ser y su cuerpo material. Tal distinción es una ilusión mental. Existimos en diferentes niveles a la vez, desde el más físico hasta el más metafísico. Einstein estaba de acuerdo con estos principios.

Desde que elaboró su teoría de la relatividad, se empezó a conocer la materia y se aceptó que es una forma de energía, una coagulación o condensación de energía. La energía se compone de moléculas que giran o vibran a distintas velocidades. En el mundo “físico”, las moléculas giran a una velocidad muy lenta y constante. Es por esto que las cosas parecen ser sólidas, por nuestros sentidos terrenales. Cuanto más lenta sea la velocidad, más denso o sólido es algo. En el mundo metafísico (espiritual), las moléculas vibran en una dimensión mucho más rápida, o etérea, donde las cosas son más libres y menos densas.

En este sentido, el universo es básicamente una jerarquía de energías, en diferentes niveles de densidad. Nuestros sentidos tienen acceso a la forma más densa de la energía, que es la materia. La jerarquía de las energías está interrelacionada, y cada nivel es sustentado por el nivel de abajo. Esta jerarquía de energías se ajusta perfectamente a una gran matriz de leyes naturales profundamente interconectadas, y que es a la vez física y metafísica.

Esta matriz de energías se originó como resultado del acto inicial de la creación y se la identificó con el neteru (dioses y diosas) del Antiguo Egipto.

La presencia de la energía en todo fue ampliamente reconocida por los egipcios antiguos y baladís. El hecho de que haya energías cósmicas (neteru) en cada piedra, mineral, madera, etc., queda muy claro en la Piedra de Shabako (siglo VIII a.C.):
Y así los neteru (dioses y diosas) entraron en sus formas, en todos los tipos de maderas, todos los tipos de minerales, todos los tipos de arcillas y en todo lo que crece sobre él (la tierra).


La matriz de energía universal delimita el mundo como el producto de un complejo sistema de relaciones entre las personas (vivas y muertas), los animales, las plantas y los fenómenos naturales y sobrenaturales. Este razonamiento es a menudo llamado Animismo, debido a su premisa esencial de que todas las cosas están animadas (energizadas) por fuerzas vivas. Cada diminuta partícula de todas las cosas está en constante movimiento, es decir, energizada, como se reconoce en la teoría cinética.

En otras palabras, todo está animado (energizado): los animales, los árboles, las rocas, los pájaros e incluso el aire, el sol y la luna.
La forma más veloz de energía, de estas energías invisibles en el universo, son denominadas por muchos como espíritus. Los espíritus o energías están organizados en diferentes niveles de densidad, que a su vez están relacionados con las distintas velocidades de las moléculas. Estas energías más rápidas (invisibles) habitan ciertas áreas o se asocian con determinados fenómenos naturales. Los espíritus (energías) existen en grupos de familias, es decir, relacionadas entre sí.

Según sea necesario, las energías pueden ocupar una energía más condensada (materia) como un ser humano, un animal, un vegetal o cualquier otra forma. El espíritu da vida al cuerpo humano al nacer y lo deja cuando acontece la muerte. A veces, más de un espíritu de energía entra en un cuerpo. A menudo oímos que una persona “no se siente ella misma”, o que está “temporalmente demente”, “poseída”, “fuera de sí”, o que tiene múltiples personalidades. Las energías (espíritus) tienen un efecto sobre todos nosotros, en un grado u otro.

Dado que el universo creado es ordenado, su matriz energética es también como una máquina bien engrasada con nueve reinos que se interrelacionan y que interactúan.

FUERA DE EGIPTO

Lo que ahora se llama religión cristiana ya existía en el Antiguo Egipto, mucho antes de la adopción del Nuevo Testamento. El egiptólogo británico Sir Ernest Wallis Budge escribió en su libro, The Gods of the Egyptians (1969),
“La nueva religión (el cristianismo), que ha sido anunciada por San Marcos y sus seguidores inmediatos, guardaba un enorme parecido con todos los elementos esenciales que fueron el resultado del culto a Osiris, Isis y Horus.”

Las similitudes, señaladas por Budge y por todos los que han comparado la alegoría egipcia de Osiris, Isis y Horus con el Evangelio, son sorprendentes. Ambos relatos son prácticamente el mismo, como por ejemplo la concepción sobrenatural, el nacimiento divino, las luchas contra el enemigo en el desierto y la resurrección de entre los muertos a la vida eterna. La principal diferencia entre las “dos versiones”, es que al relato del Evangelio se le considera histórico mientras que al ciclo de Osiris, Isis y Horus se le considera una alegoría. El mensaje espiritual de la alegoría del Antiguo Egipto de Osiris, Isis y Horus y de la revelación cristiana es exactamente el mismo.

El investigador británico A. N. Wilson señaló en su libro, Jesús:
“El Jesús histórico y el Cristo de la fe son dos seres separados, con historias muy diferentes. Es bastante difícil reconstruir el primero, y en dicho intento estamos expuestos a hacer un daño irreparable al segundo”.
Hay una ironía innegable y una profunda e indiscutible verdad en el dicho profético de Oseas: “De Egipto llamé a mi hijo”. De hecho, es una ironía muy grande.

 ALEGORÍAS Y COSMOLOGÍA EGIPCIA

Se transmitió el conocimiento cosmológico del Antiguo Egipto en forma de historias, que es un medio especialmente útil para expresar conceptos físicos y metafísicos. Las alegorías bien elaboradas son la única manera de explicar las verdades más profundas sobre Dios, la creación, la vida, el alma, nuestro lugar en el universo y nuestra lucha para evolucionar hacia niveles más altos de comprensión y entendimiento.

Las alegorías son medios elegidos intencionadamente para comunicar el conocimiento. Dramatizan leyes cósmicas, principios, procesos, relaciones y funciones, y los expresa de un modo fácil de entender. Una vez que los significados interiores de las alegorías hayan sido revelados, se convierten en maravillas completas, concisas, científicas y filosóficas a la vez. Cuanto más se estudian, más ricas se vuelven. La “dimensión interior” de las enseñanzas inherentes a cada historia es capaz de revelar diversos niveles de conocimiento, de acuerdo con la etapa de desarrollo del oyente. Los “secretos” se revelan a la medida que existe una implicación mayor. Cuanto más al fondo vayamos, más veremos. Siempre están ahí.

Cualquier buen escritor o profesor sabe que las historias son el mejor medio para explicar el funcionamiento de las cosas, porque la mente retiene mejor las relaciones de las partes entre sí y con el todo. Los sabios egipcios transformaron sustantivos y adjetivos comunes (indicadores de cualidad) en nombres propios y también conceptuales. Estos fueron además personificados, de modo que podían ser entrelazados en las narraciones.

Los egipcios no creían que sus alegorías fuesen hechos históricos. Creían EN ellas, en el sentido de que creían en la verdad que había por detrás de las historias.
Los antiguos egipcios tenían numerosas alegorías, como la de Osiris, Isis y Horus.

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