A principios de los noventa el geólogo estadounidense Robert Schoch, de la Universidad de Boston (EE.UU.), ofreció a la opinión pública los resultados de sus últimos estudios sobre la Esfinge de Giza (Egipto). La erosión que sufría el emblemático monumento, lejos de haberse producido debido al aire que durante siglos ha asolado la planicie en donde se encuentra, a las afueras de El Cairo, solamente pudo ser producto de la intensa actividad del agua de lluvia. Sin embargo, en el año 2300 a.C. (la IV Dinastía), momento en el que la egiptología fecha la Esfinge, no llovía con tanta intensidad como para dañar el monumento. En consecuencia, su erosión tuvo que producirse tiempo antes, seguramente entre el año 7000 y el 5000 a.C. Como es lógico, los científicos no estaban dispuestos a aceptar la nueva datación. Pero en el congreso de la Sociedad Americana de Geología de 1992, donde Schoch expuso su trabajo, la teoría fue aplaudida por todos. Era evidente que las marcas de la Esfinge se debían a “una erosión inducida por precipitaciones”.
Reanudación de la investigación
En 2008 el
geólogo Colin Reader ha reanudado el trabajo de Schoch tomando como
premisa principal la desproporción existente entre la cabeza de la
Esfinge y el tronco. Esto podría deberse a que en época prefaraónica el
monumento tuvo un aspecto distinto, seguramente el de un león. La
investigación se basa en que no hay una sola prueba concluyente que
identifique la Esfinge con el faraón Kefrén, tal y como se ha dicho
hasta ahora, ya que todas son circunstanciales. Reader ha empleado
novedosas técnicas para corroborar los resultados obtenidos en 1992, en
contra de los geólogos, que decían que las acanaladuras de la piedra
habían sido producidas por las inundaciones del Nilo.
Robert Schoch se muestra rotundo: “La lluvia ha causado la erosión de la Esfinge”
Respecto
a las acanaladuras de la cubeta sobre la que se levanta la Esfinge,
Robert Schoch afirma que “lo que tenemos son rocas en las que la parte
inferior es más dura que la superior al haber sido erosionadas más tarde
que las de arriba”. Y añade: “Si la erosión se debiera a las crecidas
del río Nilo, esperaríamos que las rocas de la zona inferior de la
cubeta fueran más blandas al estar deterioradas por el agua, pero no es
así. Por lo tanto, no es la acción de la inundación del Nilo lo que ha
causado esta erosión, sino la de la lluvia”.
Restauración sin sentido
El
templo del valle de Kefrén levantado al pie de la Esfinge también
parece ser un edificio antiguo recuperado por este faraón. De lo
contrario no tiene sentido que él mismo colocara grandes bloques de
granito para restaurar la estructura de caliza dañada por la erosión y
levantada supuestamente por él poco antes. En los años de su reinado,
apenas veinticinco, es físicamente imposible que la erosión dañara el
edificio de caliza, obligando a los constructores a rehabilitarlo con
losas de granito poco después. Por lo tanto, el edificio original debió
de ser más antiguo.


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